viernes, 3 de septiembre de 2021

El ocaso de la Unión

Bob Dylan - Infidels

Bueno, mis zapatos vienen de Singapur.

mi linterna es de Taiwán

mi mantel es de Malasia

la hebilla de mi cinturón es del Amazonas

sabes, esta camisa que llevo viene de Filipinas

y el auto que manejo es un Chevrolet

que fue armado en Argentina

por un tipo que gana treinta centavos al día

bueno, es el ocaso de la Unión

y lo que se fabrica en USA

claro que fue una buena idea

hasta que la codicia se interpuso en el camino.


Bueno, este vestido de seda es de Hong Kong.

y las perlas son de Japón

el collar de perro es de India

y la maceta es de Pakistán

todos los muebles dicen "Hecho en Brasil"

donde una mujer, seguro que esclava

lleva a su casa treinta centavos al día a una familia de doce

sabes, es mucho dinero para ella

bueno, es el ocaso de la Unión

y lo que se fabrica en USA

claro que fue una buena idea

hasta que la codicia se interpuso en el camino.

Bueno, ya sabes, mucha gente se queja de que no hay trabajo

yo digo, "¿por qué dices eso 

si nada de lo que tienes está hecho en USA? "

Ya no hacen nada aquí

sabes, el capitalismo está por encima de la ley

dice: "no cuenta a menos que venda".

Cuando cuesta demasiado construirlo en casa

simplemente fabrícalo más barato en otro lugar

bueno, es el ocaso de la Unión

y lo que se fabrica en USA

claro que fue una buena idea

hasta que la codicia se interpuso en el camino.


Bueno, el trabajo que solías tener

se lo dieron a alguien allá en El Salvador

los sindicatos eran un gran negocio, amigo

y se extinguen como los dinosaurios

solían cultivar alimentos en Kansas

ahora quieren cultivarlo en la luna y comerlo crudo

puedo ver llegar el día en que incluso el jardín de tu casa

va a estar fuera de la ley

bueno, es el ocaso de la Unión

y lo que se fabrica en USA

claro que fue una buena idea

hasta que la codicia se interpuso en el camino.


La democracia no gobierna el mundo

será mejor que lo tengas en la cabeza

este mundo está gobernado por la violencia

pero supongo que es mejor no decirlo

desde Broadway a la Vía Láctea

es un gran territorio efectivamente

y un hombre hará lo que tenga que hacer

cuando tiene una boca hambrienta que alimentar

bueno, es el ocaso de la Unión

y lo que se fabrica en USA

claro que fue una buena idea

hasta que la codicia se interpuso en el camino.

Bob Dylan, "Union Sundown", Infidels, 1983

jueves, 2 de septiembre de 2021

Borges, Bioy: el lado siniestro

 

Domingo, 11 de junio [de 1967]. (…) Hablamos de la guerra entre árabes e israelíes. [Borges] Dice que espontáneamente todo el mundo está de parte de la barbarie, contra la civilización: “Qué porquería. Los fascina la bajeza. Si hubiera una guerra entre suizos y lapones, todos serían partidarios de los lapones. En una guerra entre un país bárbaro y uno civilizado, aunque la razón estuviera del lado de los bárbaros, habría que desear el triunfo de los civilizados, para bien del mundo. Es una suerte que españoles, ingleses y franceses conquistaran América, en lugar de que los pampas y los pieles rojas conquistaran Europa. En esta guerra entre árabes y judíos, todos los peronistas y comunistas, con certero instinto, eligieron el lado malo, el lado siniestro. Desde luego, los árabes de hoy no son los que levantaron la Alhambra. Ni los egipcios, los egipcios de los faraones y de las pirámides: son los nómades que vencieron a los egipcios; la gente de Omar que quemó la Biblioteca y que hubieran derribado las pirámides, si hubiesen podido. Es como si a la gente que sucesivamente vivió en una casa de departamentos la llamaran con el mismo nombre. Y, entre nosotros, tampoco los judíos son los judíos del Talmud. Son señores de Alemania, de Polonia, de Francia, de Italia, de Argentina. Son occidentales: por eso derrotaron a los asiáticos y a los africanos”. 
Adolfo Bioy Casares y Daniel Martino. Borges

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Vacilación entre sonido y sentido

A cierta altura, un escritor debe conocer los trucos para no caer en la trampa de explicar o poner cosas de más. Llega un momento en que uno es el crítico indicado de lo que está haciendo, si no, es un boludo. Entonces uno explica lo que quiere demostrar en el poema, como un teorema, en lugar de jugarse a la sugestión, en lugar de dejar una invitación abierta. Estoy pensando en Valéry, en su vacilación entre sonido y sentido. También hay que tener en cuenta que cuando la cosa está bien dicha, bien dicha está, pero está cerrada en un significado y hay una precisión absoluta. Está el otro modo que lo puede practicar el mismo escritor que es sugerir, y entonces queda abierto, una palabra que no dice del todo o que dice sin decir. "¿Usted qué quiso decir?" "No sé, quise decir el poema." Cuando a Borges le preguntaron lo mismo contestó que no era a él a quien tenían que preguntarle eso, sino que había que buscarlo en los estantes de los libros escritos para interpretar su obra, él simplemente la había escrito...

Leónidas Lamborghini, Mescolanza, 1 

domingo, 27 de junio de 2021

La luz me dice: acuérdate / Ya no me acuerdo

 


Aires que más que el vino

Me sedujeron

Escultores de arena

Sobre los médanos


Tiraban de tus crenchas

Aires secretos

Mientras tu pie desnudo

Iba de vuelo


Aires de litorales

Verdes esteros

Del sumergido monte

Los troncos negros


Aires que se quedaron

Jugando un juego

Borrando de la arena

Ceñidos cuerpos


Yo voy con mi cartera

Por otro pueblo

La luz me dice: acuérdate

Ya no me acuerdo


Yo voy con mi paraguas

Por otro invierno

La lluvia dice: acuérdate

Y ya no puedo


Aires, aquellos aires

Me sedujeron.


sábado, 24 de abril de 2021

Lo incalculable


II

Nos tocó el fin de una época. No a todas las generaciones les toca. Si fuéramos viejos, habríamos renunciado a comprender, renegaríamos del tiempo. Si fuéramos nativos digitales, no tendríamos intriga por las preguntas, las despreciaríamos, "cosas que ya tengo íntimamente resueltas, no me interesa perder un segundo en eso”. Haríamos selfies para Instagram, mostrando el cuerpo, o guiños privados expuestos a la mirada de cualquiera. Entré a Instagram para tratar de comprender la época: ¿qué ve toda esa gente en el celular en vez de mirar la ventana del colectivo o los cuerpos que tienen al lado? (Hace meses que no subo a un colectivo). Si fuera un nativo digital algo más inquieto, estaría buceando en la deep web. Nunca estuve ahí ni nunca estaré, creo. Capaz que si alguien me dice que ahí puedo encontrar un subsuelo del presente en el que todo tiene más sentido que el ruido que hoy nos aturde lo intento. No estoy en la deep web pero puedo dialogar con uno que bucea, Pablo Martin Weber. Aunque no logremos entendernos del todo.

Con sus dos películas puedo dialogar más fluidamente que con él mismo. 

A Fragmentos desde el exilio, la primera, la comenté en el blog (“Una irrupción”, ahí también está el Vimeo). Lo que me llevó a ver la primera fue la segunda, Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse, estrenada el año pasado en Mar del Plata, va a verse de nuevo en el FICIC. No considero casual que Weber aparezca justo ahora. La pandemia exacerbó mi percepción histórica y ya todo me parece relacionado con el fin de mi época. 

Fragmentos desde el exilio y  Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse podrían ser 2 partes de algo, se las puede ver como I y II. A la vez cada una no llega a ser una: son, como dice Weber de los corales, entes de individuación precaria. Y así como Le Livre d'image o Days tienden un puente entre el siglo xx y el xxi, en las de Weber encuentro un vago eco del xx visto desde el xxi, como un mensaje de un presente del que ya no soy contemporáneo.

III

La idea de que el sustrato de lo que vemos es matemático y las texturas y colores son cualidades secundarias, fenómenos de una interfaz, se diría ahora, estaba presente en el proyecto científico, técnico, bélico y estético de Galileo en 1623: “La filosofía está escrita en ese grandísimo libro que tenemos abierto ante los ojos, quiero decir, el universo, pero no se puede entender si antes no se aprende a entender el lenguaje, a conocer los caracteres en el que está escrito. Está escrito en lenguaje matemático y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es imposible entender ni una palabra; sin ellos es como girar vanamente en un oscuro laberinto”. El proyecto de reducción de lo real a lo matemático se viene desplegando desde hace casi 400 años y parece casi consumado.

Galileo reponía una doctrina esotérica de la antigüedad colocándola en el centro rector del proyecto moderno. Desde que Galileo dijo las palabras citadas hasta hoy ese proyecto nunca se detuvo. Si nosotros como generación tuvimos que hacer un viaje vertiginoso en las pocas décadas de una vida, la digitalización del mundo se estaba preparando antes de que naciéramos.

Pablo Martín Weber en Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse conjetura que es posible que dentro de poco la humanidad viva en el mundo sin sombras de Internet, a pesar de que su tarea como autor nos invita a pensar en otra dirección: la del secreto. A la sombra de todo cálculo y toda manipulación cibernética crece lo incalculable. Eso que resiste al cálculo no llegamos a percibirlo como señal, lo apartamos como ruido, pero más precisamente se siente como un malestar sordo.

(continuará en otra parte)

jueves, 22 de abril de 2021

Un puente precario entre dos épocas




Hace poco leía un texto de Roger Koza ("Los hijos del bit") acerca de un relevo generacional que viene experimentándose en esa cosa anteriormente llamada cine, el resbalar continuo e indetenible desde la era analógica hacia la digital. Koza señalaba como recorren este tránsito Kiarostami y Godard en su senectud. Dos autores que cada uno en su momento se sumergieron hasta rasgar con la punta de los pies el soporte material del film analógico, con plena conciencia de sus finitudes (propias y del film), por su común amistad hacia el abismo, se muestran capaces de mirar a lo que asoma sin un poquito de resentimiento generacional o un apego senil hacia la ortodoxia de la forma artística que se apaga –Eastwood- para dar lugar a otra que no presta más que incertidumbres. Kiarostami y Godard eran amigos de lo incierto antes de que apareciera en su horizonte la artillería digital. Por eso últimamente dialogan con lo que apenas está mostrándose sin negar el suelo en que están parados. Películas de senectud: Like someone in love, 24 Frames, Adieu au langage o Le Livre d'image, meditaciones a la vez personales, generacionales y de época que no odian el futuro y tampoco se rinden ante su novedad arrogante. Godard y Kiarostami por edad tendrían que estar entre los impugnadores, pero por espíritu se ubican entre los perplejos. Acá hablo yo por mi propia cuenta, no quiero adjudicarle a Roger algo que no pretendió decir, sino lo que su texto hizo en mí.




Discípulos de Godard y Kiarostami, un poco más jóvenes, pero formados en su modo de mirar. Nacidos a mediados del xx, una generación empujada a atravesar un puente precario hacia el mundo de los bits. No podemos olvidar nuestra tierra natal aunque tratemos de aprender rápido el despliegue omnívoro de lo digital, ya impuesto como la forma de estar en el mundo. Notamos la diferencia, recordamos lo anterior porque está presente todavía. El cambio no nos agarró tan viejos como para dejarnos a la total intemperie, vivimos perplejos en este mundo como hoy se nos da. Tener un pie en cada lado nos lleva a preguntarnos ¿pero qué es esto? sin naturalidad ni odio.

(continuará)